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Formalismo en 2046 de Wong Kar Wai

Por definición, la ciencia ficción es irreconciliable con el realismo, no porque sea incapaz de mostrar la realidad (como algunos suponen), sino porque solo puede hacerlo mediante los recursos formales que conforman la producción artística. 

Así pues, el formalismo en 2046 es aquel que se plantea a partir de la experiencia estética, y sólo tiene cabida en nuestra imaginación. Se sirve del lenguaje cinematográfico para expresar ideas abstractas, es decir, para conseguir su representación en imágenes (el pasado, el amor, el miedo al dolor y el rechazo, son todos elementos que no se pueden representar si no es mediante un proceso). 

Podríamos relacionar el film con Hugo Münsterberg (uno de los padres de la teoría formalista), que comprende que el sentido cinematográfico se desarrolla en la mente del espectador y que implica la adopción de ciertos elementos que éste ofrece en conjunción con las experiencias y condiciones culturales previas del mismo contemplador. O Balázs, con su interés por los primeros planos, los encuadres expresivos (el uso de la imagen siempre por encima de la textualidad lo convierten en un ejemplo de ese cine que no trabaja la realidad sino la materia cinematográfica) y su concepción del cine como un escape a la rutina (independientemente de lo que se pretenda retratar), es otro teórico que probablemente se hubiera quedado anonadado ante el despliegue de magnificencia de 2046. 

Como dice Jameson:

‘La producción cultural ha sido llevada al interior de la mente, dentro del sujeto monádico: éste ya no puede mirar directamente con sus propios ojos el mundo real en busca del referente sino que, como en la caverna de Platón, debe dibujar sus imágenes mentales del mundo sobre las paredes que lo confinan. Si queda aquí algún realismo, es el ‘realismo’ surgido de la conmoción producida al captar ese confinamiento y comprender que, por las razones singulares que fueren, parecemos condenados a buscar el pasado histórico a través de nuestras propias imágenes y estereotipos populares del pasado, que en sí mismo queda para siempre fuera de nuestro alcance.’

F. Jameson- El Giro Cultural 

En esta película encontramos un personaje que vaga entre los confines de su propia experiencia buscando revivirla sedientamente, condenado a la misma situación una y otra vez (en el lugar donde nada cambia nunca) no porque la idealice, sino porque da vueltas sobre su propia caverna; más bien la analiza y estudia palmo a palmo y la alberga en su propia mente para poder hilarla en una línea de acontecimientos que tenga algún sentido para él. El referente, como dice Jameson, como nos muestra Wong Kar Wai al principio al hablar del amor perdido del protagonista, se nos escapa por muchas razones (quizás por una mezcla de cobardía y poca perseverancia, como parece sugerir el cineasta hongkonés), pero al emplear el arte como imagen exterior de uno mismo y su sociedad, al representarlo, nos acercamos un poco más a dónde reside, al menos psicológicamente, nuestra propia definición de la realidad.

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